miércoles, 21 de noviembre de 2007

LA BATALLA DE IDEAS

Por: Ejercito de Liberacion Nacional
Fuente: Revista Insurrección

La disputa por la verdad, por el valor de la palabra, por el sentido profundo de las ideas, por la legitimidad de las propuestas democráticas y revolucionarias, es el campo de batalla que se despliega en esta fase de la lucha contra el imperialismo y sus representantes locales. El capitalismo, que ha demostrado su ineficiencia en nuestras tierras, continua dibujando castillos en el aire, manteniendo su legitimidad y viabilidad en base a la falsedad, a la publicidad y al engaño que despliegan con alta parafernalia tecnológica y mediática, los gobiernos y las empresas transnacionales.

Son miles de millones de dólares las inversiones en el negocio de la reproducción ideológica del capital. Las industrias culturales, cuyo símbolo mayor es Hollywood en los Estados Unidos al lado de Disneylandia, construyen verdaderos emporios que inundan literalmente la vida y el pensamiento de la mayoría de los seres humanos de todo el planeta.

El capitalismo es el fin de la historia y su condición insoslayable, la propiedad privada, es sagrada. Ese es el punto final de toda la disputa.

En Nuestramérica florecen disidencias. Satanizadas todas, unas más otras menos, pero todas al fin, blanco de la acción falsificadora de la publicidad ideológica y de la industria de la subcultura.

La información es otra mercancía

Todos los productores de mentiras tienen objetivos similares y cada cual en su frente actúa para llegar a ellos: desde los más serios políticos hasta los más groseros periodistas; desde los más eminentes teóricos hasta los mas irrelevantes cantantes y artistas; desde los rancios propietarios hasta los emergentes mafiosos y asesinos. Es la fiesta de la falsificación, de la mentira en grandes dosis. Grandes cadenas de televisión como Fox, CNN, ABC, grandes periódicos y agencias de prensa, gigantescas compañías de cine y televisión, se vinculan en el entramado capitalista financiero y como un gran puño atacan los caminos escogidos por los pueblos e impuestos por las necesidades y la sed de justicia.

Son transnacionales económicas que producen sus ganancias desinformando al mundo, yendo en contra del sentido profundo de la historia. La misión de un medio de comunicación, que es la de comunicar, la de informar con objetividad se pierde, y pasa a primer plano el producir ganancia. La responsabilidad que conlleva el comunicar se diluye, y es como si se tuviera una fábrica de zapatos o de electrodomésticos.

Los medios de comunicación se globalizan, como se globalizan los fabricantes de tenis o de ropa deportiva. La venta de un poco mas del 50% de El Tiempo, el único periódico de circulación nacional, y propiedad de una familia de la rancia oligarquía bogotana, por una fuerte suma en cientos de millones en dólares, a Planeta, fabricante imperialista española de ideología, que la adquiere como una fuente más de ganancias, es un paso mas en el camino de la globalización, como lo fue la venta de Caracol, o de Avianca, o de Bavaria, o de la electricidad del país o la telefonía celular.

Si las mayores cadenas de radio, televisión y prensa escrita están en manos del capitalismo transnacional, ¿qué le espera a la construcción de realidad de un pueblo que fundamenta su información cotidiana en el acceso a esos medios masivos de comunicación?, ¿qué papel juegan en la construcción de una identidad colectiva o nacional?, ¿cuáles son sus contenidos y sus propósitos, sino el de reproducir las condiciones que propiciaron el pingue negocio que usufructúan? El pensamiento único deviene de ahí precisamente.

Los productos de los medios de comunicación soportan la globalización. Son el empaque ideológico de la expropiación de nuestros pueblos. Ese escenario poderoso es controlado por el capitalismo transnacional cada día más. Es el escenario por naturaleza de una guerra a muerte contra el desarrollo de los pueblos y su necesidad de transformaciones y justicia social.

Es que la información es tratada como otra mercancía. Esa es una realidad contemporánea. Se vende como tal, más fácil, en la medida en que falte el análisis de la realidad, la profundidad en los contenidos, la posibilidad de la reflexión. Es superficialidad, espectáculo, falta de elaboración y contexto, velocidad y tratamiento instantáneo.

Nos convertimos en consumidores masivos de mentiras bien envueltas, cortas y digeribles. Noticias que se atan sistemáticamente a la loa sin sentido de un estilo de vida, de un modelo de sociedad, de una realidad sobre la cual la critica no pasa de la superficie. La critica a la mala gestión, a la corrupción, a las grandilocuencias y malas palabras, a las formas, es el símil de la critica necesaria. Las críticas no van a la raíz y quien lo haga paga la consecuencia de acuerdo a los intereses que toca, o al contexto que le correspondió en suerte. En Colombia se cuentan por decenas los periodistas asesinados y desterrados por ir más al fondo de las cosas.

La Batalla de ideas

La batalla de ideas, que se desenvuelve desde el lado de los luchadores por un bienestar colectivo, por sociedades más humanas, equitativas y justas, construye sus propios escenarios, intenta utilizar el tándem poderoso de los grandes trust de las incomunicaciones y crea al mismo tiempo sus propias fuerzas y caminos.

Acciones que se desatan desde varias latitudes: TELESUR; la telaraña tremenda de radios comunitarias y sus soportes latinoamericanos; el internet con sus páginas donde fluye la contrainformación y la comunicación alternativa; los debates de los intelectuales y artistas, las acciones culturales que nos devuelven la esencia humana como la de Fernando Botero y su serie de grandes cuadros denunciando la tortura y la barbarie imperialista en Abu Graibh; las reflexiones profundas del comandante Fidel Castro; las disputas contra todos los molinos de Evo Morales, Hugo Chávez y ahora Daniel Ortega.

Son múltiples los escenarios donde los hombres y mujeres que creemos en un mejor destino par la humanidad damos nuestro grano de arena en esta batalla de ideas que en ultimas es una batalla por la misma humanidad.

La verdad de los pueblos, de sus mejores hombres y mujeres, irrumpe y desata las soberbias construcciones. El neoliberalismo que se presentaba como una construcción integral, hegemónica, se quebró en el aire y perdió su sentido histórico, con toda su elaboración ideológica incluida. La Batalla de ideas ya tiene grandes logros, grandes redes, tremendos retos y gigantescos gladiadores. Es la batalla emancipatoria del presente en construcción y el futuro posible. Es la lucha por alcanzar la plena conciencia y el amor en el corazón de nuestros pueblos.

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