viernes, 26 de octubre de 2007

LA “POSTPOLÍTICA” Y LOS 10 JÓVENES DEVORADOS POR EL FUEGO

Por : Leopoldo Lavín Mujica*
* Département de philosophie, Collège de Limoilou, Canadá, Québec.
Fuente: www.g80.cl (26.10.07)

Por obra y gracia de un diestro manotazo de la adversidad social 10 vidas jóvenes fueron arrebatadas. Se las devoró el fuego y asfixió el humo, dicen. Todos los poderes atentaron en su contra. Lo peor será la conspiración de la indiferencia que viene. La de una sociedad anestesiada por el trabajo rutinario, el ritual de la política espectáculo y el consumismo compulsivo de objetos e imágenes.

Aún en el suicido, los individuos sucumben a causas exteriores, ajenas a su voluntad. No se les dejó perseverar en su existencia para lograr una vida plena, diría Baruch Spinoza.

¿Hubo acaso un minuto de silencio para un examen de consciencia social en la Moneda, el Congreso y los Tribunales, acerca de las razones de tamaña tragedia? ¿Lo hubo en los ministerios, los liceos/colegios/universidades, en las fábricas, cuarteles, fundos e iglesias? ¿Se les ocurrió a algunos empresarios de “buena voluntad”, reunidos en Casapiedra, reflexionar en voz alta acerca de la dimensión social del drama de las jóvenes vidas consumidas, mientras escuchaban a Allamand despotricar en contra de los trabajadores y sus derechos?

¿Habrá alguna homilía especial de la jerarquía de la Iglesia para amonestar a los responsables y meditar religiosamente ante el horror de una sociedad “civilizada” que ya no inflige la pena de muerte sino que deja morir (“laisse mourir”) a los que piden a gritos un espacio para aprender a vivir como hombres libres y felices?

En Brasil y Argentina, los escuadrones de la muerte formados de policías y comerciantes los mataban como ratas mientras dormían en grupos acurrucados en las calles. En Chile, se endurece la ley y se los encierra sin atención adecuada. Se lo hizo a sabiendas, puesto que la infraestructura inadecuada y la aplicación de la Ley, en este caso, no son la solución sino parte del problema.

No se quiso ni se supo resistir a la “agenda de seguridad” de la derecha. No se han querido defender los valores humanistas laicos y cristianos fundados en los Derechos Humanos y la Democracia contra los de la doctrina del orden, el individualismo posesivo y el lucro de la oligarquía partidaria, cuya cultura se ha fraguado en la insensibilidad al sufrimiento de sus “compatriotas”. En un desprecio histórico por la igualdad y la inclusión social y política.

Contra viento y marea, contra todos los estudios disponibles que dicen que no hay nada irreparable en la conducta de esos jóvenes, puesto que son resilientes(*): que con afecto, educación y cuidados profesionales (sobre todo mentores), se los reintegra a la sociedad. Pero, se diga lo que se diga, si se juzga por los actos, la mentalidad burocrático-conservadora los ubica en la franja de los delincuentes comunes.

Se ignoran, sin sacar las conclusiones pertinentes, los estudios y experiencias en Criminología, Psicología y Trabajo Social que indican que sólo si se los deja a la buena de Dios o se los encarcela, se endurecen y convierten en presas fáciles del ambiente delictivo. Porque ya no les queda otra. Por eso necesitan la mirada que humaniza, el reconocimiento y la paciencia. Atención profesional, formación técnica, inversiones y políticas públicas … para salvar vidas.

La ignorancia crasa ha sido casi siempre el patrimonio de los defensores del orden y de la moralidad pacata. La visión represiva del orden social les obnubila la razón. Son los mismos que posan de “abiertos al diálogo” si se trata de avanzar ... en la agenda “antidelincuencia”. Pululan en la UDI de Joaquín Lavín y en RN. Y también en la Concertación: son los que movidos por la coyuntura están irresponsablemente construyendo la postpolítica. Aquella donde se borran las diferencias y el conflicto que opone dos sistemas de valores, dos matrices políticas antagónicas, dos visiones de la civilización en Latinoamérica: los valores del proyecto democrático y solidario de las mayorías ciudadanas y de las minorías oprimidas por un lado, contra los del proyecto neoliberal y tecnocrático de las elites dominantes y del capitalismo global y financiero, por el otro.

Ya no habrá discurso, ni político oportunista, ni catálogo de buenas intenciones que pueda devolverles la vida a quienes se los dejó en la vera del camino. Las instituciones del Chile postdictadura son por ahora responsables de la asfixia de esos jóvenes de origen proletario. En esas repetitivas patologías sociales que se expresan cada vez más nítidamente en Chile están inscritas con fuego los códigos del neoliberalismo.

(*) La resiliencia es la aptitud de los individuos y de los sistemas (familias, grupos y colectividades) a vencer la adversidad o una situación de riesgo. Esta aptitud evoluciona con el tiempo; se refuerza con los factores de protección en el individuo, en el sistema y en el medio. Es la asombrosa capacidad del ser humano de reconstituirse como sujeto después de los peores golpes y en las peores condiciones. Según el neurosiquiatra Boris Cyrulnik, esto es posible cuando hay Otro/s disponible y abierto que provee amor, cariño, apoyo, ayuda y reconocimiento.

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