jueves, 6 de marzo de 2008

LA IZQUIERDA TRADICIONAL CHILENA: UNA MITAD PARA ESCILA Y LA OTRA PARA CARIBDISI

NOTA.- Artículo anterior, (18.09.07), reproducido por su gran actualidad

Por: Bespierre
especial para G-80

Desde la tragedia de septiembre 1973, la izquierda chilena ha perdido mucho más que el rumbo y se hace necesario hoy más que nunca, tratar de saldar una deuda capital con el pasado y con el futuro. El proceso revolucionario chileno, conocido como “La vía chilena al Socialismo”, abrió una brecha considerable en los “muros acerados” de la fortaleza del sistema capitalista.

En el combate feroz por su supervivencia éste sistema no podía dejar que la experiencia trascendiera ni continuara.

Tuvo pleno éxito en lo de la continuidad, pero, tal como la historia reciente de América Latina lo ha mostrado, la trascendencia de la “Revolución Chilena” tiene plena vigencia.

La izquierda neo-golpista.

En Chile, el resultado ha sido bastante más complejo. La “transición” a la democracia ha sido en realidad una “adaptación” a la institucionalidad y al modelo integral de sociedad que la dictadura impuso a nuestro Pueblo a partir del golpe de estado.

El proceso “refundacional” contrarrevolucionario que comenzó en 1973, ha contado con el apoyo y la participación de algunos sectores de la antigua izquierda que se han sumado de manera bastante entusiasta a los golpistas originales, en la defensa del “modelo chileno”.

Ya han sido calificados en otros comentarios como “neo-golpistas” y los sucesos recientes con motivo de cumplirse 34 años del golpe de estado, los han puesto en la palestra para reafirmar el antiguo compromiso represivo de Pinochet y sus secuaces, como testaferros del sistema que garantiza la desvergonzada y extravagante opulencia para unos pocos, y la miseria y la represión para los más.

Esta parte de la izquierda tradicional es tan izquierdista como Winston Churchil y es perfectamente funcional al modelo que sustenta.

Para ellos los trabajadores que protestan por sus derechos son tan disfuncionales como los pobladores que viven bajo el flagelo de la miseria, de la droga y de la delincuencia.

Los administradores del sistema no pueden entender por qué extraña y delirante razón se resisten a la evidencia de que viven en el mejor de los mundos posibles ( …y en el único), garantizado por las teorías que tan gallardamente defienden los expertos que se atrincheran en los ministerios o en los diversos “think thank” neoliberales.

Esta izquierda, oportunista y ventajista que ha arrebatado a la ultraderecha los “derechos de sucesión” del pinochetismo, se solaza en la creencia absurda y pueril de que han luchado por la democracia…ellos solo han luchado por el puesto de mayordomo que los llena de oprobio.

En Chile no hay democracia desde el 11 de septiembre de 1973 y no la habrá hasta que la institucionalidad bastarda de la dictadura sea completamente desmantelada.

Al respecto, no creo que la “izquierda golpista” esté interesada sinceramente en deshacerse de un contexto que les garantiza tantos privilegios y tan jugosos dividendos.

Les ha ido muy bien en ese papel de ambigüedad, ambivalencia y travestismo político-ideológico que desempeñan tan aplicadamente…han hecho muy buenos negocios.

Con el viejo y manoseado pretexto de que hay que “cambiar el sistema por dentro” se han dedicado a blindarlo.

Se han convertido en el amparo de la impunidad de los violadores de los DDHH.

Han continuado haciendo de Chile un asilo para la opresión, acogiendo a genocidas internacionales como Fujimori.

Se han alineado con el imperialismo para hostigar a la Revolución Cubana y al proceso bolivariano en Venezuela.

Su doble standard y su impostura son cada vez más evidentes y su vocación pinochetista se les sale por los poros y por la televisión.

La vida del carabinero Cristian Vera, a cuyos funerales asistió una destacada “ama de llaves” en persona, vale más que la del lactante que murió por efecto de las bombas lacrimógenas lanzadas por carabineros; como siempre, como sabemos desde hace 34 años, sin ningún respeto por la vida de los más humildes.

No aparecerán los padres de esta pequeña víctima en la tele, nadie buscará al funcionario policial que lanzó la bomba que terminó con su pequeña vida, y así como no han aparecido los responsables de la muerte de Rodrigo Cisternas ni de Alex Lemún, tampoco aparecerá este verdugo profesional que dormirá tranquilo en su casa y se emborrachará este 18 de septiembre, y bailará al ritmo de alguna música como lo harán tantos otros verdugos de nuestro pueblo… tal como lo hacen desde hace 34 años.

Estoy seguro de que los neo-golpistas de la antigua izquierda tradicional están haciendo fila para bailar con ellos en las oscuras entrañas de Caribdis.

La otra izquierda.

Pero hay otra parte de la izquierda tradicional, una parte mucho menos homogénea, tan diversa y fragmentada como autorreferente. Cada una es “el camino verdadero” del evangelio que profesa. A veces da la impresión de que el enemigo principal de cada una es la suma de las otras y de que cada una tiene una “brújula” que señala hacia su propio norte en un mundo de polos múltiples.

Tienen la virtud, por supuesto encomiable, de no ser parte del sistema, aunque algunos sectores parecen “moverse” un poquito al escuchar los sones de la “música” que tararean juntas la Concertación y la Alianza por Chile.

De vez en cuando tratan de participar en el circo-farsa electoral que los conglomerados de centroderecha y de ultraderecha auspician como la “consagración de la democracia”, y salen peor parados de lo que entraron: más divididos y enojados los unos con los otros, echándose mutuamente las culpas que no tienen. Sin mencionar la culpa capital que comparten y que es la participación en un proceso que no está viciado solo por su origen manchado de sangre, sino que también es un proceso de manipulación electoral escandaloso que violenta flagrantemente el ejercicio de la soberanía popular.

Al sembrar falsas esperanzas en el Pueblo, cosechan cada vez más indiferencia. Aquellos a quienes suponen representar ya están bastante cansados de los acuerdos de “notables” y “caballeros” en los que buena parte de esta izquierda aún sigue creyendo.

Se va agotando la vía de los “cheques políticos en blanco” a los sectores neo-golpistas y se desgasta la porfiada ilusión de que hay “izquierdistas” en la concertación.

Sin duda habrá ciudadanos de ese conglomerado que conservan alguna sincera vocación democrática e inclinación por los intereses del Pueblo. Lo único que se les puede pedir con el corazón en la mano, es que abandonen de una vez el barco de los golpistas y dejen de contribuir al engaño colectivo que tanto beneficia a los testaferros(de “izquierda” o de “derecha”) de la dictadura.

No se puede hacer política en interés del Pueblo en el marco institucional de la tiranía.

No se pueden avalar las leyes pinochetistas ni la Constitución de Lagos-Pinochet, participando en los circos electorales.

En Chile no tenemos ni siquiera “democracia burguesa” al amparo de la cual avanzar hacia la construcción de una sociedad más justa, o hacia una sociedad que algunos quieran llamar “socialista”.

Continuar poniendo en el centro de la lucha política la obtención de cupos, de escaños o enclaves dentro de la legalidad pinochetista es como “poner proa hacia las fauces de Escila” dispuestos a sacrificar el “barco” de los intereses del Pueblo para obtener el timón de algún “bote de remos” de la “flota imperial”.

El objetivo político fundamental debe ser el desmantelamiento completo de la institucionalidad de la dictadura y la derogación de la Constitución de Lagos-Pinochet.

Para esto es menester exigir la convocatoria a una Asamblea Constituyente que redacte una Constitución Democrática para Chile, la someta a un referéndum popular y convoque, lo más pronto posible a elecciones generales.

Los esfuerzos de esclarecimiento a los ciudadanos deben ir en esta dirección en lugar de hacer llamados a la inscripción en los registros electorales y a la participación en los fraudes masivos que se adornan con el nombre de “elecciones democráticas”.

Los esfuerzos de participación política del Pueblo deberían canalizarse hacia la redacción colectiva de los principios rectores que deben caracterizar la propuesta democrática y popular de Constitución que eventualmente se debería presentar en una Asamblea Constituyente.

El proceso contrarrevolucionario comenzado el 11 de septiembre de 1973, no solo buscaba el derrocamiento del gobierno constitucional del Presidente Salvador Allende. Buscaba sobretodo subvertir de manera irreversible el proceso emancipador del pueblo chileno que, comenzando con la guerra por la independencia a comienzos del siglo XIX, continuó a lo largo del siglo XX con las luchas sociales y la profundización de la democracia, hasta su punto culminante con la victoria popular de septiembre de 1970.

Los valores y principios que inspiraron las guerras de independencia en nuestra América, son esencialmente los mismos que inspiraron los grandes procesos de transformación política, económica y social que el imperialismo ha tratado por todos los medios de ahogar en sangre y en olvido en todo el mundo, a lo largo de todo el siglo precedente y durante la primera década del actual.

La democracia, el progreso y la paz siempre han sido los mayores enemigos del capitalismo. Así, Jean Baptiste Say, uno de los padres fundadores del liberalismo económico, en 1795 se refería a la Declaración de los Derechos del Hombre como un texto peligroso que “incitaba a los hombres a resistir a la opresión”.

No es sorprendente entonces que este esfuerzo titánico que realizan las fuerzas reaccionarias de la historia, bajo el nombre de neoliberalismo, para salvar el sistema capitalista, recurra a la disolución y abolición de los valores originales e inspiradores de los grandes momentos de la lucha de la Humanidad contra la tiranía, contra la explotación y contra la miseria.

En este septiembre de 2007, treinta y cuatro años después de la inmolación del Presidente Allende por la lealtad a sus principios, por cumplir a cabalidad el mandato soberano de su Pueblo y por los Grandes Valores de la Humanidad que él mismo encarnaba en ese momento terrible, no podemos hacer otra cosa que reafirmar el compromiso de hacer prevalecer estos valores, contra el engaño, contra la infamia y contra la traición de tantas formas y tantas veces repetida.

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